viernes, 17 de julio de 2015

Santiago El Pinar.



Llegamos cerca de las diez de la mañana, las mujeres han vaciado un cuarto construido con esos horrendos ladrillos de concreto que les dió el gobierno sustituyendo el tradicional adobe. Para recibirnos, pusieron una mesa y unas cuantas sillas de plástico. En un rincón de esa habitación que también usan como dormitorio, está el fertilizante y un aparato que utilizan para regar las plantas de maíz con esa solución del mal.
Las mujeres son siempre muy tímidas y dialogan entre ellas en tsotsil, ríen todo el tiempo, y mientras ríen, se tapan la boquita con sus manitas.  Algunas tienen veintipocos y ya cuatro hijos que se arremolinan a su alrededor, escondiéndose detrás de sus madres, tías, abuelas, curiosos por la visita de las mujeres kashlan (la palabra tsotsil que usan para no indígenas).
Visitar las comunidades representa viajar a otro mundo en el que hay casitas desperdigadas aquí y allí, en medio de las montañas, en medio de los valles siempre verdes, lugares en los que siempre hay perros caminando, siempre hay olor a fogón, siempre hay niños jugando, siempre hombres borrachos, mujeres dentro de las casas rodeadas de niños, lavando, fregando, tejiendo el telar. A veces tengo un intenso deseo de llorar al atravesar esas montañas, porque no sé como vamos a ser mejores humanos, quisiera cerrar los ojos y estar en el futuro donde todo sea belleza, justicia, verdad. Y como nos queda todo por hacer y no podemos tirarnos a llorar, podemos elegir una causa, una pequeña causa y ayudar.
Actualmente divido mis días entre mi trabajo en una ong, mi trabajo de ilustración y diseño. Si queda algo de tiempo veo a mis nuevos amigos, escribo a mis viejos amigos. Me siento tan afortunada de vivir aquí, me siento tan viva, tan llena en este momento...

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We arrived about ten in the morning, the women have emptied a room built with these horrendous concrete bricks that the government gave them replacing the traditional adobe. To greet us, they put a table and a few plastic chairs. In a corner of the room that is also used as a bedroom, it is the fertilizer and some machine used to irrigate the corn plants with that evil stuff.
Women are always very shy and dialogue between them in Tzotzil, laughing all the time, and while laughing, they cover their mouths with their hands. Some in their twenties have four children swirling around them, hiding behind their mothers, aunts, grandmothers, curious about the visit of the Kashlan women (the Tzotzil word that used to non-indigenous), to their little village.Visiting the communities represents to me, to travel another world where there are houses scattered here and there in the middle of the mountains, amid the evergreen valleys, places where there are always walking dogs, there is always smell of fire, there are always children playing, always drunk men, women inside houses surrounded by children, washing, scrubbing, weaving loom. Sometimes I have an intense desire to mourn passing through these mountains, because I do not know how we're going to be a better humanity, I would like close my eyes and travel to the future where everything is beauty, justice, truth. We have everything to do, we can not just mourn, we should choose a cause, a tiny cause and fight.
Currently I divide my day between my work in an NGO, my illustration work and design. In my freetime I see my new friends, I write to my old friends,
I feel so lucky to live here, I feel so alive, so full right now ...


The salt of the earth.
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Lion devours the sun

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