lunes, 15 de junio de 2015

La lluvia en San Cristóbal.


  

  



  

  

  


Sit down with emotion
Take the time to feel it
Like a cloud cross the mind
Never holding onto
Let it all just billow by

I want to love myself, out in the field
I'm kissed by the sun, away from everyone
I want to catch my breath
I've been throwing it out all in bouts
Speaking of empty things just to fill the air
To not hear my ears ring

 Happy When / Braids: Deep into the Iris, 2015 Music Album

Hace un par de semanas que llueve todos los días en la ciudad. Esta lluvia es particular porque es fría, muy fría y puede durar 2, 3 o 5 horas seguidas. Su ritmo altera nuestras tardes cada día después de las 2, cuando se precipita sobre nuestras caras, nuestras ropas, haciéndonos permanecer dentro de las casas mientras los bosques a nuestro alrededor se recuperan, se nutren, avanzan, la hierba crece aquí y allí, el tiempo transcurre y nosotros llovemos también, refugiándonos dentro de nosotros, iluminados por velas, con pequeños altares a lo desconocido. La ciudad se pone de color guinda/burdeos/grana cochinilla, o quizá me lo parece porque en Teotitlán me compré una faja tradicional preciosa teñida con ese color. En el pueblo, los colores me envían guiños de coincidencias cromáticas, como fantasmas que se repiten, como las personas que encontramos en el camino, todos espejos reflejos para bien y para mal de elementos presentes dentro de nosotros. En este momento se siente como una gran pausa, como si todo el principio del año hubiera ido tan rápido que nunca nos dimos cuenta de como pasaron seis meses ya, desde que vivo aquí, en medio de las montañas, en San Cristóbal de las Casas.

Música para llover.
Música para mover el bote.
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Two weeks ago that is raining everyday in the city. This rain is different to me, because it is cold, very cold and it lasts 2, 3 or 5 hours straight. It's rhythm alters our evenings every day after 2 pm, when it rushes over our faces, our clothes, making us stay indoors while the forests around us recover, feed, move forward, grass grows here and there, the time passes by and we are also raining retreating within us, illuminated by candles, with small altars to the unknown. The city becomes maroon / burgundy / cochineal, or maybe I think so, because my new faja of Teotitlán recently bought in that color. In the village, the colors send me winks of chromatic coincidences, like ghosts that are constantly repeated, like the people we meet along our path, all mirrors for good and bad with certain elements present within us. Right now, something makes me feel like a pause, as if the whole beginning of the year has gone so fast that I never realized that it has been six months, since I live here in the middle of the mountains in San Cristobal de las Casas.

To rain.
To dance.

1 comentario:

Maia F. Miret dijo...

Ese piso yo lo conozco. Es de la lonchería a la que nos mandaste (deliciosa, por cierto). Todos los azulejos son distintos.