domingo, 7 de junio de 2015

Barro de Amatenango.


Hace unos meses, después de perder mi cámara hice un breve taller de barro de Amatenango organizado por el Centro de Textiles del Mundo Maya. Amatenango del Valle es una comunidad tseltal, a una hora y media de San Cristóbal, en esta comunidad hay talleres familiares de barro, casi todos llevados exclusivamente por mujeres. Algunas cosas que llamaron mi atención sobre el barro de este pueblo y que quiero contarles son:

- El barro es natural eso significa que lo usan tal cual lo sacan de una montaña y apenas agregan algún tipo de arenilla local para modificar levemente la composición del barro, lo que provoca que los objetos moldeados con esta arcilla se rompan muy fácilmente al absorber humedad.

- Para las decoraciones tradicionales se utilizaban tintes naturales. Estos tintes naturales provienen de rocas que hay en las montañas cercanas. Sin embargo, Albertina López Ramírez, nuestra amable y sabia instructora, nos contaba que el color negro no se encuentra más porque vendieron el terreno del cual sacaban la roca para obtener el color negro, como ahora es propiedad privada y está cercado las piedrecillas no se extraen más por lo que el color está en peligro de extinción. El color rojo se obtiene mojando una roca amarilla que al cocerse cambia de color y también tienen un tono blanco que se hace de un lodo y que caracteriza al barro de Amatenango.

- Los utensilios que utiliza la maestra Albertina para bruñir y lijar las piezas antes de cocerse son: un machete viejo sin filo y rocas de río, en especial rocas blancas de río. Fué muy bonito ver como para obtener el tinte natural desgasta una piedra de tintura sobre otra roca más grande, usando las rocas como paleta de color. Otro aspecto interesante es que estos utensilios a menudos son pasados de generación en generación, de abuela a madre a nieta, haciendo del trabajo en barro algo tan tradicional e íntimamente ligado a la vida de las mujeres, a la herencia familiar y a la vida diaria.

- Para cocer el barro algunas casas cuentan con pequeños hornos que van llenando poco a poco con la producción que se hace día a día, y se usa leña proveniente de las montañas cercanas para así cocer las piezas.

Mientras estaba allí, en la casa-taller de Albertina, observando cuanto esfuerzo es necesario para obtener una pieza termianda, (por sencilla que ésta parezca), me maravillaba de la entrega de estas mujeres para con el barro "el barro es muy celoso" decía mi maestra Albertina, "por eso no estoy casada". Me sorprendió mucho que hay un número creciente de mujeres solteras en el pueblo, que se dedican al barro y eligen la soltería para poder dedicarse a su pasión completamente.

El grupo de cerca de 10 personas con el que tomé el taller hizó realmente muy pocos objetos y la quema requirió unos 10 kilos de madera. Mientras la madera se quemaba a la intemperie, pensaba en los árboles sacrificados por estas piezas, pensaba que no es muy distinto de cuando hice cerámica en DF, sólo que el horno era de gas, nunca vi árboles masacrados, pero igual, la extracción de gas tampoco es nada natural ni amigable con el medio ambiente.

Nunca puedo evitar preguntarme ¿para qué hacemos esto, lo otro o aquello?, ¿para qué hacemos objetos? y ¿porqué creemos que comprar un objeto significa que pagamos el valor real no sólo de la mano de obra, sino el trabajo que a la naturaleza le costó formar montañas de arcilla, barros de colores, árboles para hacer fuego y personas que tratan de sobrevivir humildemente haciendo cosas bellas con sus manos? Aveces sueño, que habrá una política cultural que enseñará todo el trabajo que hay detrás de cada artesanía, de cada vida que entrega un poco de si en cada pieza, aveces sueño que un día seremos concientes de cada pequeño centímetro natural que se pierde mientras producimos cada cosa que ponemos en este mundo!

Quiero dar las gracias a Alejandro Alarcón Zapata, que amablemente me permitió usar sus fotografías para ilustrar este post.

Esto.

Eso.

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A few months ago, after losing my camera I did an Amatenango clay workshop organized by the Centro de Textiles del Mundo Maya. Amatenango del Valle is a Tzeltal community, an hour and a half away from San Cristobal, in this community there are family workshops, almost all carried exclusively by women. Some things that caught my attention about the clay's work of this village are:- The clay is natural that means that people are using it right away they took it froma a mountain just adding some kind of local sand to slightly modify the composition of the clay, causing that this clay molded objects are easily broken by absorbing moisture.

- For traditional decorations natural dyes were used. These natural dyes come from rocks that are in the nearby mountains. However, Albertina Lopez Ramirez, our friendly and wise instructor, told us that black is not more available, because the land where artisans use to get the rock to obtain the black color were sold, as it is now private property and is fenced the black natural dye color is endangered to extinction. The red color is obtained by dipping a yellow rock that changes color when cooked and they also use a white tone that is a mud, that "white" color, is which characterizes Amatenango.

- The utensils used by Albertina to make her pottery are: an old dull machete and white soft river rocks. It was a really privilege to see how she works with her hands, with so artifice! also, it was very nice to see how to get the natural dye, rubbing a clay stone on a larger rock, using the bigger rocks as color palette. Another interesting aspect is that these tools are an old heritage from generations, from grandmother to mother to granddaughter, making their work onto something closely linked to the lives of women, family heritage and daily life.

- To cook the pottery, some houses have some small furnaces which are filled gradually with the slow daily production and used wood from the mountains to bake the pieces.


While I was there, in Albertina's atelier, seeing how hard it is to have a finished piece of work, however simple it may seem to the eye, I marveled at the delivery of these women with clay "the mud is very jealous," Albertina said, "so I'm not married". I was very surprised that there are a growing number of single women in the village engaged in mud and choose celibacy to pursue his passion completely. 


A group of about 10 people whom also took the clay workshop besides me, and we really made very few clay objects but to bake that clay it was required about 10 kilos of burning wood. While wood was burned in the open space, I thought of the sacrificed trees for these pieces, not very different from when a year or more ago, did some ceramic stuff in DF, except that there were a oven powered by gas, I never saw massacred trees, but still, Natural gas extraction is also so unnatural and perjudicial to mother nature.

I'm always wonder why we do this, that or that, why should we make objects and stuff? and why we believe that buying an object means that the monetary value pays not only labor, but the work of nature which cost her millions of years to form mountains of clay, colored mud, trees for firewood and people trying to survive humbly by making beautiful things with their hands? Some times I dream, if we had a cultural policy to teaching people about all the work that the artisans require to create each piece, to make us aware of each small centimeter of natural enviroment losted while we produce each thing we have in this world!

I want to thank to Alejandro Alarcon Zapata, who kindly let me use their pictures to illustrate this post


Esto.

Eso.

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