miércoles, 28 de mayo de 2014

Todo aquí se va poniendo verde.




Estoy trabajando en el próximo libro, ilustrando para Ediciones El Naranjo. Es todo un reto porque es una historia maravillosa, situada en Japón. Es una aventura muy especial porque, aunque nunca he estado allí, durante un tiempo tuve un sueño recurrente muy vívido: tenía un esposo y una casita a la orilla del mar, la casa era pequeña, de madera, lo recuerdo a él, tenía unos cuarenta y tantos, quizá menos que eso, vestía una bata japonesa azul marino, la bata era corta, desarreglada, llevaba el pelo atado con un chonguillo japonés, lo recuerdo bien porque lloraba de rodillas, desconsolado, frente a la mesita baja en la estancia mínima de nuestra casita japonesa. Hacía una especie de frío húmedo, que entraba por todos lados, en nuestra casa que está frente al mar, el mar está intranquilo, hay mucha bruma, o es tristeza?, al verlo llorar, yo trataba de abrazarle, de consolarle pero cuando intentaba tocarlo no lo conseguía y entonces recordaba que estaba muerta, y en flashazos veía mi funeral y mi cuerpo y mi entierro, y compredí porqué lloraba, él lloraba porque ahora era viudo y estaba solo, inmensamente solo en nuestra casita frente al mar. Entonces entendí todo y le hacía sentir que estaba allí, no sé como, pero sabía que él sabía de mi presencia, quizá porque levantaba la cabeza y dejaba de llorar, imagino que me sentía. En mi mente comprendía que debía dejarlo a él, a mi casa, al mundo físico y me dirigí al mar, caminaba por la playa hacia el mar y  en el momento en el que una gran ola me encontraba sentí una liberación increíble una inmensidad increíble. Un desvanecerme consciente, una renuncia al mundo físico. Sin pena, sin dolor, una entrega total y felicidad plena.
Al despertar me vino la idea de que no debemos sentir pena por los muertos porque eso los detiene, les dificulta la ida al otro mundo. Recuerdo que hasta me dije que no debíamos llorar porque eso les dolía muchísimo, les hacía daño y les angustiaba, que debíamos saber que iban a un lugar mejor al terminar su paso por este mundo. Y que debíamos dejarlos ir en paz y seguir con nuestras vidas.
Como se imaginarán (después de leerme), cuando dibujo siempre intenseo. Por ahora, con este proyecto, en este momento, me siento hermosamente perdida, tratando de encontrar los colores adecuados, la vibración adecuada, el ritmo adecuado. Buscando el alma del libro, buscando la metáfora adecuada para cada personaje.  Intentado encontrar los personajes y referencias iconográficas necesarias. Trato de abrazarme a un periodo específico del arte japonés. Trato de abrazarme a ciertos colores. Trato de traducir mis emociones personales y conclusiones para este libro en el que hay dioses, amuletos, viajes, encuentros y despedidas.
¡Es tan apasionante ilustrar!
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Ukiyo-e

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